'Iranda' por las trabajadoras

'Iranda' por las trabajadoras
Como a muchas personas me emocionan los vídeos de Irene Montero y Yolanda Díaz que se hicieron virales porque da gusto escuchar a mujeres políticas diciendo las cosas tan claras, pero al verlas hablar de sus respectivos sectores, una de feminismo, la otra de los ERTES, me pregunto por qué no están dando juntas en este momento una rueda de prensa urgente en la que anuncien ya el paquete de medidas sobre conciliación laboral dirigido a proteger a las personas que trabajan y cuidan. Es decir, por qué no las estamos shippeando, por qué no estamos sumando ya esto: Irene + Yolanda = Iranda = escudo social con enfoque de género. Tres premisas para empezar:Si hay algo por lo que ha estado peleando duro el feminismo hasta ahora es para que los cuidados se pongan en el centro de las políticas públicas, ese es el corazón del movimiento, el aliento de las luchas. Las trabajadoras y sus familias llevan desde mediados de marzo sin alternativas para poder conciliar vida personal y laboral como no sea reducirse el sueldo o darse de baja, sobre todo desde que se retomó la actividad económica no esencial y se terminó el buen rollito de la flexibilidad y el teletrabajo, y se abrió todo menos los colegios. Unidas Podemos tiene los dos ministerios que son el sueño húmedo de cualquier progresismo, el de Trabajo y el de Igualdad, desde donde deberían ejecutarse las políticas públicas que necesitan las trabajadoras para no postergarse una vez más. Parece tan intuitivo que al menos para mí es sorprendente que hasta ahora no se haya avanzado en conjunto no solo hacia la izquierda sino también hacia el feminismo como eje de la gestión de esta crisis. Feminismo. De eso quería hablar. El otro día alguien preguntaba que dónde están las feministas. Bueno, está claro dónde: no están en las primeras planas tratando de ganar réditos políticos del duelo y la crisis económica. No están las feministas para el activismo de cacerola y palo de golf porque están en los pueblos, en los barrios, en sus casas y en las redes de apoyo sosteniendo con trabajo invisible a las y los que no pueden hacerlo solos. Están haciendo equilibrismo entre la precariedad laboral y la crianza. Están en la trastienda de la política de corbata y letras de molde. Por eso no las ven. Para verlas hay que abrir más los ojos. Este gobierno ha hecho cosas, quiere hacer cosas, aunque el PSOE rectifique o matice. Pero para las mujeres y sus familias no es suficiente. El plan MeCuida no es suficiente porque la reducción de jornada viene también con reducción de sueldo y no, no todo el mundo puede permitírselo, la mayoría no sobrevive a eso y las principales golpeadas son las mujeres, su empleo, sus expectativas de vida y realización. Como siempre, ellas paran, se quedan atrás y el resto sigue, descolla, arrasa. Mientras las empresas no desaceleren, mientras solo se les haga recomendaciones para su libre albeldrío, será todo un saludo a la bandera, como es en la práctica ya la dichosa flexibilización y reorganización de horarios: letra muerta. La lógica de la sobreproducción, de la actualización imparable y del consumo a espuertas están sostenidos en la práctica por esas trincheras. Que incluyen a las personas migrantes explotadas sin papeles; a las abuelas y abuelos, personas vulnerables a la COVID, cuidando nietes. A trabajadoras del hogar que sufren abusos. A las familias monoparentales maniatadas. Y tantas y tantas trabajadoras malpagadas haciendo servicios esenciales. Por eso, ¿dices que crees en la igualdad? Entonces nunca sin cuidados, ni en las grandes empresas, ni en las medianas. Este gobierno tiene en sus manos la gran posibilidad de pasar a la historia si se vuelca a escuchar lo que están diciendo las mujeres trabajadoras y sus familias, sus necesidades y demandas. Este tándem Trabajo-Igualdad debe facilitar el tránsito hacia el fin del trabajo invisible. Llevamos años hablando de la alternativa del teletrabajo. Ahora sabemos que teletrabajar con niños no es conciliar, pero los empleadores se muestran igual de indolentes cuando te ven como cuando no te ven. Si pudieran ver cómo se teclea con un niño sobre tu cabeza. ¡Ay! Sí que estaba lejos Nueva Zelanda, que estrena su semana laboral de cuatro días para reconstruir el país tras la pandemia en la idea de que mejorando el equilibro entre la vida y el trabajo aumenta la productividad. ¡Y hasta el turismo!Es complejo hacerlo en España pero hay alternativas que se han ido barajando estos días: un compromiso de responsabilidad real con las mujeres y familias por parte de las empresas que sea reconocido por el Estado; desarrollar protocolos para ir volviendo a la normalidad teniendo como prioridad a las y los trabajadores con hijos (con sus propias necesidades) que deben incorporarse progresivamente y que deben trabajar en un régimen especial: jornadas intensivas, más teletrabajo y hacerlo sin reducción de sueldo, por lo menos hasta que vuelva el colegio. Mientras tanto, el Estado debe hacerse cargo de algunos de estos costos necesarios. Llevan años los especialistas hablando de racionalizar horarios para hacer jornadas distintas y optimizar procesos, para conseguir mejores objetivos sin machacar a las personas y a sus familias. Hablando de permisos parentales, de tiempo parcial dignamente pagado. Años también de ser conscientes de que necesitamos un cambio de paradigma, porque las dinámicas capitalistas arrinconan la vida. Todo en teoría, nunca en la práctica. Y de pronto, ocurre una pandemia durante un gobierno de izquierda, que nos pone no a soñar sino a ver esas realidades como posibles y practicables. ¿Y qué pasa, vamos a permitir que nos devuelvan exactamente a dónde estábamos, vamos a seguir por inercia, vamos a callar?Ante la presión popular de estos últimos días, Irene Montero ha declarado en una entrevista en este diario que su ministerio está preparando un paquete de medidas pensando en la conciliación. Las esperamos como agua de mayo. Dice que no será fácil, que si la problemática de los cuidados ha sido la última rueda del coche de la historia no se va a resolver a corto plazo. Sí, pero hay que intentarlo y nos sumaremos todas. Queremos saber qué pasa cuando en el gobierno de España se encuentran en el camino el Trabajo y la Igualdad, y se ponen a andar juntas hasta encontrar la salida no solo más "segura y con futuro", sino también la más feminista posible en la era más feminista de todas.