Hacia las estrellas, una historia que no acaba de despegar

Hacia las estrellas, una historia que no acaba de despegar
Hacia las estrellas (La astronauta nº 1). Por Mary Robinette Kowal. Oz Editorial 2020. 386 páginas. El 3 de marzo de 1952 un meteorito cae en la costa este de los Estados Unidos. Se lleva por delante varias ciudades, entre ellas Baltimore, Filadelfia y Washington. Y con Washington perece prácticamente todo el gobierno del país. Pero dentro de lo malo –o eso parece al principio– parte del impacto se produce sobre la bahía de Chesapeake. Así que aunque otras partes de los Estados Unidos y otros países sufren las consecuencias del maremoto causado por el impacto la cosa parece que podía haber sido peor. Pero cuando a la doctora Elma York le piden que calcule el tamaño del meteorito para poder convencer al alto mando estadounidense de que no han sido los rusos quienes se lo han tirado encima a los Estados Unidos se revela la verdadera dimensión del problema. Hablando con su hermano de los cálculos que está haciendo él e dice que con la cantidad de vapor de agua y materiales variados que han sido expulsados a la atmósfera se va a producir un cambio en el clima. Y los nuevos cálculos al respecto revelan que en efecto la cosa es mucho peor de lo que pensaban: la Tierra se volverá inhabitable en pocas décadas por un aumento descontrolado de las temperaturas debido al efecto invernadero que provocará el impacto del meteorito. Así que los países del mundo se unen para crear la Coalición Espacial Internacional (CEI) con el objeto de colonizar el espacio exterior y así dar a la humanidad la oportunidad de sobrevivir en otros astros. Y así el doctor York, el marido de Elma, se convierte en el ingeniero jefe de la CEI. Pero ella, como mujer, sólo puede trabajar como calculadora en la misma organización. Hasta que, visto que la Coalición sólo elige hombres para el primer grupo de tripulantes, Elma decide que también quiere ser astronauta. Y las cosas empiezan a liarse. Pero no mucho. La novela trata de su lucha contra el machismo de la CEI y de la sociedad en la que vive. Pero también de cómo va descubriendo sus privilegios de mujer blanca al ver cómo compañeras negras o de otros países como la India sufren aún más discriminación que ella. O, incluso antes de eso, al ver cómo en los esfuerzos por ayudar a los supervivientes del impacto las personas de color o de otras razas quedan relegadas en favor de las personas blancas. Así que el libro habla tanto de su propio proceso de aprendizaje como del proceso interno que la lleva a superponerse a su enfermiza timidez para conseguir que la CEI se decida a abrir el proceso a selección a mujeres. Aunque conseguirlo no será, ni con mucho, el fin de los problemas de Elma. La autora aprovecha también para atizarle sin demasiada sutileza a quienes niegan la existencia del calentamiento global; también menciona prejuicios de religión ya que Elma y su marido son judíos. Pero el problema del libro –para mí– es que no tiene una historia que enganche por muchos mensajes importantes acerca de los diversos tipos de discriminación que quiera transmitir –y no dudo que lo son– . El principal enemigo de Elma –con el que se llevaba ya mal desde hacía años– es un poco un personaje de opereta. La misma Elma me resultó un poco un cliché de la heroína en apuros siempre apoyada por su ideal marido… El desarrollo del programa espacial de la CEI… pues meh. Además yo ya me había leído The Lady Astronaut of Mars, un relato que protagoniza Elma en el futuro respecto a esta primera novela, con lo que ya tenía casi todo espoileado. Supongo, en cualquier caso, que me leeré El destino celeste, que es la novela que sigue a esta –que es que tampoco acaba del todo–. Pero lo dicho, querría que este libro me hubiera gustado más. El enlace del principio y la imagen de la portada llevan a Amazon con nuestro código de asociados. Pero también nos parecerá genial que compres la novela en una librería local. En Todos tus libros te dicen dónde lo hay si te hace falta.

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