¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente?

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente?
El crujido de una patata frita, el de una tableta de chocolate, el de una cobertura de hojaldre. . . Muchos alimentos tienen en la condición de crujiente un aliado para conquistarnos. Pero, ¿cuál es el motivo?

Charles Spence es psicólogo experimental en la Universidad de Oxford y lleva años trabajando sobre este asunto. Ha escrito un libro titulado Gastrofísica: la nueva ciencia de la comida y ha colaborado con chefs como Ferrán Adriá para crear experiencias culinarias multisensoriales.

En su trabajo, recoge la BBC, deja varias reflexiones: "La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa. A nadie le gusta la idea de una patata frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor", dice.

De hecho, ha demostrado que diferentes niveles de crujido pueden alterar cómo percibimos el sabor de algunos alimentos. Tres teorías

Sobre los motivos, manejan varias teorías: "Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más 'ruidosos' suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable".

Otra teoría: "Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes, como las galletas, los cereales o las frituras, suelen tener un alto contenido en grasa. . . y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido".

"Finalmente, otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos 'interesante', pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo", añade el profesor. Maridaje de comida y música

Las investigaciones de Spence van más allá: cómo los ruidos y la música afectan al sabor: "Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor. No es casualidad que las patatas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo".

Spence cree que los sonidos pueden modificar nuestro gusto: "Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura".

"Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable- Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de 'música dulce' para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente", propone el profesor.

"Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas", concluye Charles Spence.